
Desde el sillón... admito que me puse a navegar en la red y me topé con algo que me hizo recordar que yo algunos muchos días atrás escribí algo y, como siempre, lo dejé por ahí, perdido.
La red tiene una ventaja que mi cuarto no tiene: prácticamente las bases de datos se ordenan solas. (yo sé que no es por arte de magia, entiendo que hay programadores, ingenieros, técnicos y demás especímenes profesionales que se encargan de que tengamos la vida en internet así de fácil) Lo que quiero decir es que en la red tecleas lo que buscas y a cinco clicks de distancia, a más tardar, lo encuentras... en mi cuarto de trebejos/estudio, puede ser que esos trozos de garabatos se hayan perdido para siempre, arrugados por el momento post script o en el estómago de la juguetona hija schauzerina.
Hay veces, inclusive, en que ni siquiera yo puedo descifrar mis letras, movidas entonces por la desesperación, la desesperanza o la desazón (a las dos de la madrugada me regocijo en la cacofonía).
Bien, he aquí lo que rescaté. Transcribo sin modificación, no es este un ejercicio de taller, más bien una retrospectiva de aquellos mis años pasados.
No fui nada.
Apenas un nombre que hoy no pronuncias.
No fui nada.
Si acaso, una idea que cambió ante la borrasca.
No fui nada.
Cuando mucho, tres tequilas o su equivalente.
No fui nada.
A lo mas, una pesadilla que ahuyentaste.
No fui nada.
Ni siquiera un problema, porque a esos se les piensa.
No fui nada.
Nada al menos que valiera la pena el esfuerzo...
No fui nada.
(Habremos de cambiar de universo)
*Lo escribí antes del amanecer. Recuerdo que estaba completamente embotada de dolor. Días atrás me había enterado que me habían olvidado en escasas semanas...
(meses después entendí que precisamente no me habían olvidado nunca...)
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De repente cuento los días -trabajo en un periodico, recordarás-. Y de repente parecen tan eternos como parecía que sería lo nuestro... Y de repente son tan dolorosos como tu ausencia, como jamás pensé que superarían mis dolores pasados... Y de repente, sólo de repente, puedo rodar y sentir el aire, y creo que puedo tocar el cielo con sólo estirar la mano... Pero no puedo rodar siempre y vuelvo a la casa vacía, a escuchar por toda plática el ruido del ventilador en la oscuridad. Y de repente quisiera no tener que dormir, para no tener que soñar... Pero te sueño y muero. Y de repente me acuerdo y entonces sé bien, que uno de estos largos, inmensos días, así, de repente, no quedará rastro de ti.
*Lo escribí para la misma mujer... la esperanza muere al último, y a veces, resucita.
**Rodar significa, en este caso, viajar en la motocicleta.
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Volví a fumar
Volví a soñar contigo...
Creo que dejar de fumar otra vez es mas fácil.
*He de explicar que efectivamente dejé de fumar. Luego ella volvió. Pero ya no he vuelto a fumar.
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Dejaste tantas cosas...
No te llevaste la primera noche
no recogiste el sudor o la risa
tampoco las lagrimas ni las horas pasadas
- menos las pendientes - ...
y te atreves a decir "no tiene que ser triste"
*Ella me dijo -justo- que la despedida no tenía que ser triste. Nomás no le maté porque no podía usar las manos que una vez la amaron tanto para ahorcarla... pero me le quedé viendo desde el fondo de mi infierno.
¿Y qué si no quiero levantarme?
A mis hijas no parece preocuparles el suelo...
*Mis hijas, para efectos de resultar comprensible, son dos serpientes. Una boa arborícora y una serpiente del maíz. Escribí lo anterior porque estaba harta de escuchar a todos los cercanos decir que todo iba a mejorar.
Al revisar estos escritos, me di cuenta de cuánto y cuánto ha pasado el tiempo.